<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-34810116</id><updated>2011-04-21T20:56:38.057+02:00</updated><title type='text'>Der Vorleser</title><subtitle type='html'>Sólo leo y opino en voz alta.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://dervorleser.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34810116/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dervorleser.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Vorleser</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16200875385655537234</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://photos1.blogger.com/blogger/6528/3861/1600/vorleser.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-34810116.post-115892918900674218</id><published>2006-09-22T14:45:00.000+02:00</published><updated>2006-09-22T23:27:48.696+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6528/3861/1600/vorleser.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6528/3861/320/vorleser.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Leo. No soy alguien que escriba, ni he tenido jamás la más remota pretensión de hacerlo de un modo creativo, ni nada que se le pareciese. La verdad es que la redacción de estas líneas me ha costado un arduo trabajo, deseoso de hacerlo lo mejor posible, para dar a entender mis intenciones. En cierto sentido, soy un amanuense, al que le llegó el momento de jubilarse, y todo lo que he escrito en mi vida ha sido siempre concreto y utilitario, siempre en relación con la que ha sido mi profesión durante muchos años: funcionario de Correos. Por mis manos han pasado millones de palabras, ocultas tras el velo de los sobres, escondidas en paquetes, enrolladas en tubos de cartón, protegidas en bolsas acolchadas, y alguna vez expuestas en el reverso de una postal. Sí, los funcionarios de Correos, alguna que otra vez, se fijan en esa caligrafía cuidada o leen de soslayo una despedida que va estrechándose contra las señas del destinatario, como si quisiera tocarlo. Leo. Sólo leo, y mi escritura no va más allá de algún apunte ocasional en los márgenes de un texto, algunas cartas y postales, que por cierto, siempre envío dentro de un sobre, y unos cuadernos de notas en el que llevo la cuenta, de puño y letra, de lo que me han aportado algunos de los cientos de libros que he leído durante mi vida. También han pasado por mis manos millones de palabras de ese modo, aunque esas las he disfrutado sin remilgos, me han emocionado, me han provocado, me han abierto puertas, y también a veces no las he comprendido o me han irritado, pero siempre me han acompañado. No es cierto que se aprenda a vivir gracias a los libros. A vivir se aprende viviendo, exponiéndose. Los libros deberían sugerirnos otra realidad. Pero tampoco es del todo cierto que los libros sirvan para evadirnos de lo real, porque a veces sí nos dan la esencia de lo que es la vida. Y si algo he aprendido en la mía es que no existen el blanco y el negro, ni la verdad absoluta, ni la razón completa. Todo se mueve en una escala de grises y colores.&lt;br /&gt;En lo que respecta a la palabra pues, soy sólo un lector, y todo lo demás carece de relevancia. Por lo tanto, esto no va a ser un cuaderno de bitácora al uso. No utilizo la expresión “blog”, por cierto, porque creo que nuestro castellano es suficientemente rico como para pedir prestadas tantas palabras ajenas. Al menos, esa es mi postura. En realidad, esta va a ser la primera y la última vez que publique en esta página. Después de lo que me ha costado reunir el valor para redactar todo esto, no me quedan ganas de repetir. El único motivo que me ha llevado a dejar testimonio de mi condición de lector en este lugar, me lo ha sugerido mi hija. Gracias a ella, desde no hace mucho, he descubierto todo el potencial de eso que llaman el mundo virtual, del que antes sólo tenía la noción justa para desempeñar mi trabajo, ceñido a unas pocas aplicaciones, como hacer el seguimiento de un envío, por ejemplo. Ahora que voy utilizando cada vez más los buscadores, y esta nueva realidad de las bitácoras, se me da la posibilidad de acceder a una información, contextualizada y relacionada, a la que antes me acercaba con muchas demoras y lagunas, dependiendo del correo ordinario, el teléfono o los desplazamientos, a menudo infructuosos, a librerías y bibliotecas. Ahora puedo buscar desde casa la edición descatalogada de un título, contactar con el distribuidor en el extranjero de cierto autor, o conocer de primera mano y con celeridad lo que se cuece en el mundo de los libros. Y lo que ha sido aún mejor, puedo acceder a las páginas de autores inéditos, o aún poco conocidos, que utilizan este espacio para publicar sus opiniones, críticas y creaciones, o publicitar esa ópera prima que acaban de publicar. Llevo unos pocos meses leyendo bitácoras, foros y versiones virtuales de diarios y revistas literarias de todo el mundo en español. En alguna ocasión me he puesto en contacto con sus creadores, para expresar mis opiniones, mi admiración o mi desagrado. Ese es el verdadero estímulo que me hace escribir, cuando lo hago, opinar, agradecer o denunciar, como lector incansable, todo aquello que me provoque alguna reacción.&lt;br /&gt;Mi hija es una persona culta y curiosa, y aunque quiero pensar que esa sed de conocimiento la ha heredado de su padre, lo cierto es que cada día soy yo quien aprende algo de ella, y cada día agradezco que haya sabido sacarle a la vida todo el provecho que yo en su momento no supe o no pude. Ella sabe bien de mi pasión por la lectura, que traté de inculcarle desde pequeña, aunque estoy seguro que hubiera compartido conmigo de todos modos por sí misma esa devoción, independientemente de lo que yo haya podido hacer, ya que la curiosidad vital es una condición innata. Ella me ha animado a dar este paso, a dejar el anonimato y la privacidad de mis iniciativas en torno a las letras. A partir de ahora trataré de participar donde hasta hoy era poco más que un mero espectador, y dejaré mis opiniones allá donde considere oportuno o en aquellas páginas que me den algún aliciente, sea o no positivo. Es por ello que me he dado de alta en este servicio de bitácoras, para conocer los puntos de vista de otros aficionados, y para acceder con mayor facilidad a aquellas páginas que me resulten interesantes. También para ser justo y dar oportunidad de réplica a todo el que lo desee, ya que soy tan sincero para ensalzar los aciertos como para denunciar lo negativo, y es probable que moleste a más de uno, aunque eso va en beneficio de todos, ya que sin debate no hay progreso.&lt;br /&gt;Pero sobre todo para dejar constancia de la voz de un lector, que a menudo es el gran olvidado de la literatura. Hablan, como es lógico, los autores, los críticos, las revistas, y hablan los suplementos culturales de los diarios, aunque estos casi siempre de manera interesada y superficial. Pero nadie habla por el lector. Y eso es lo que pretendo, aportar la visión de alguien que jamás ha escrito un poema, un cuento, ni mucho menos una novela, alguien sin pretensiones pero que ama la literatura.&lt;br /&gt;Escribo estas líneas sobre una hoja en blanco, en la pantalla del ordenador, y mi hija se encargará de hacer lo que sea necesario para la publicación, otro motivo más para no andar molestándola con mi torpeza de ahora en adelante. Al principio, hace años, cuando abrí mi cuenta de correo electrónico, tuve una sensación de pérdida, de ausencia, acostumbrado al tacto del papel, a la huella del remitente en las hojas, pero a pesar de cierto conservadurismo que no niego, creo que me adapto a los tiempos y veo cuando algo es un verdadero adelanto que mejora la vida de la gente. Sólo echo de menos el encanto de lo que durante décadas ha sido el eje de mi dedicación. No es que eche de menos el trabajo, o el sentirme útil, porque gracias a Dios me entrego ahora a más cosas de las que he hecho nunca, y las saboreo, pero sí extraño que las personas se comuniquen de otro modo, como antaño, sin esta prisa que hoy parece empujarlo todo. &lt;br /&gt;En fin, seguiré aprendiendo, de momento sé cómo dejar comentarios en otras bitácoras, y también seguir las indicaciones más o menos claras del menú en cada caso, pero me siento más cómodo con el papel y la tinta, con la palabra impresa, y empiezo a incomodarme cuando he de interpretar códigos extraños y depender de un cursor más que de mis manos. Sólo me falta añadir enlaces, ya que así me será más fácil visitar con frecuencia las mismas páginas, que hasta ahora tenía anotadas en un mensaje del correo electrónico, y sobre todo ir añadiendo otras, conforme las vaya conociendo, para darle también la oportunidad de conocerlas a los que tengan la amabilidad de visitar la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar, añado una lista, aún sabiendo de lo arbitrario e injusto de todas ellas, para mostrar simplemente algunos de los libros que me han forjado como el lector que soy. Seguramente podría haber quitado alguno y añadir otros títulos del mismo autor, pero no he querido repetirme, y estoy convencido de que la lectura de una obra les llevará a la siguiente si un escritor les ha seducido. A veces se trata de una novela, otras de una saga (como en el caso de Proust, por ejemplo), y en algunos casos no me refiero a un título sino a la obra completa del autor, como por ejemplo cuando menciono los cuentos de Cortázar. Sólo verán prosa, ya que no soy un gran lector de poesía, salvando a algunos de los llamados poetas malditos franceses, algún romántico, entre esopañoles y alemanes, sobre todo, algunas cosas de la generación del 27, algo de Walt Whitman, del Neruda más naturalista y poco más. No es que no valore la poesía, sólo que mi subjetividad percibe mejor la prosa, nada más. El número ciento uno es un mero símbolo, capicua como un círculo que nunca se cierra, y un límite como cualquier otro, porque lo cierto es que se me han quedado demasiados libros en el tintero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;center&gt;Mis 101 imprescindibles, por los que me precio de amar la literatura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tirant lo Blanc”, Joanot Martorell.&lt;br /&gt;“Lazarillo de Tormes”, Anónimo.&lt;br /&gt;“El Quijote”, Miguel de Cervantes.&lt;br /&gt;“La vida del Buscón”, Francisco de Quevedo.&lt;br /&gt;Artículos de Mariano José de Larra.&lt;br /&gt;“Misericordia”, Benito Pérez Galdós.&lt;br /&gt;“Luces de Bohemia”, Ramón María del Valle-Inclán.&lt;br /&gt;“La tía Tula”, Miguel de Unamuno.&lt;br /&gt;“El árbol de la ciencia”, Pío Baroja.&lt;br /&gt;“Mazurca para dos muertos”, Camilo José Cela.&lt;br /&gt;“Tiempo de silencio”, Luís Martín Santos.&lt;br /&gt;“Los santos inocentes”, Miguel Delibes.&lt;br /&gt;“Pedro Páramo”, Juan Rulfo.&lt;br /&gt;“Hombres de maíz”, Miguel Ángel Asturias.&lt;br /&gt;“Los pasos perdidos”, Alejo Carpentier.&lt;br /&gt;“Crónica de una muerte anunciada”, Gabriel García Márquez.&lt;br /&gt;“Conversación en La Catedral”, Mario Vargas Llosa.&lt;br /&gt;“Ficciones”, Jorge Luís Borges.&lt;br /&gt;Cuentos completos de Julio Cortázar.&lt;br /&gt;“El beso de la mujer araña”, Manuel Puig.&lt;br /&gt;“Sobre héroes y tumbas”, Ernesto Sábato.&lt;br /&gt;“Señas de identidad”, Juan Goytisolo.&lt;br /&gt;“Crónica sentimental del franquismo”, Manuel Vázquez Montalbán.&lt;br /&gt;“La muerte de Artemio Cruz”, Carlos Fuentes.&lt;br /&gt;“2666”, Roberto Bolaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Memorias de ultratumba”, René de Chateaubriand.&lt;br /&gt;“Los miserables”, Víctor Hugo.&lt;br /&gt; “Eugénie Grandet”, Honoré de Balzac.&lt;br /&gt;“Rojo y negro”, Stendhal.&lt;br /&gt;“Madame Bovary”, Gustave Flaubert.&lt;br /&gt;Cuentos completos de Guy de Maupassant.&lt;br /&gt;“Los alimentos terrestres”, André Gide.&lt;br /&gt;“En busca del tiempo perdido”, Marcel Proust.&lt;br /&gt;“Viaje al fin de la noche”, Louis-Ferdinand Céline.&lt;br /&gt;“El diablo en el cuerpo”, Raymond Radiguet.&lt;br /&gt;“La condición humana”, André Malraux.&lt;br /&gt; “El extranjero”, Albert Camus.&lt;br /&gt;“Memorias de Adriano”, Marguerite Yourcenar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La Divina Comedia”, Dante Alighieri.&lt;br /&gt;“El gatopardo”, Giuseppe Tomasi di Lampedusa.&lt;br /&gt;“La conciencia de Zeno”, Italo Svevo.&lt;br /&gt;“Si esto es un hombre”, Primo Levi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hamlet”, William Shakespeare.&lt;br /&gt;“David Copperfield”, Charles Dickens.&lt;br /&gt;“Doctor Frankenstein”, Mary Shelley.&lt;br /&gt;“La importancia de llamarse Ernesto”, Oscar Wilde.&lt;br /&gt;“La isla del tesoro”, Robert Louis Stevenson.&lt;br /&gt;“Kim”, Rudyard Kipling.&lt;br /&gt;“Nostromo”, Joseph Conrad.&lt;br /&gt;“Ulises”, James Joyce.&lt;br /&gt;“Al faro”, Virginia Woolf.&lt;br /&gt;“Un mundo feliz”, Aldous Huxley.&lt;br /&gt;“1984”, George Orwell.&lt;br /&gt;“Bajo el volcán”, Malcom Lowry.&lt;br /&gt;“El revés de la trama”, Graham Greene.&lt;br /&gt;“El señor de las moscas”, William Goldwin.&lt;br /&gt;“Cuarteto de Alejandría”, Lawrence Durrell.&lt;br /&gt;Cuentos completos de Edgar Allan Poe.&lt;br /&gt;“Cuentos de Piazza”, Herman Melville.&lt;br /&gt;“Las aventuras de Huckleberry Finn”, Mark Twain.&lt;br /&gt;“Retrato de un dama”, Henry James.&lt;br /&gt;“El gran Gatsby”, Francis Scott Fitzgerald.&lt;br /&gt;“Viaje a Oxiana”, Robert Byron.&lt;br /&gt;“Por quién doblan las campanas”, Ernest Hemingway.&lt;br /&gt;“El ruido y la furia”, William Faulkner.&lt;br /&gt;“Trópico de Capricornio”, Henry Miller.&lt;br /&gt;“El halcón maltés”, Dashiell Hammett.&lt;br /&gt;“Los desnudos y los muertos”, Norman Mailer.&lt;br /&gt;“El guardián entre el centeno”, Jerome David Salinger.&lt;br /&gt;“Herzog”, Saul Bellow.&lt;br /&gt;“El corazón es un cazador solitario”, Carson McCullers.&lt;br /&gt;“Música para camaleones”, Truman Capote.&lt;br /&gt;“Las uvas de la ira”, John Steinbeck.&lt;br /&gt;“Lolita”, Vladimir Nabokov.&lt;br /&gt;“El hotel New Hampshire”, John Irving.&lt;br /&gt;“La conjura de los necios”, John Kennedy Toole.&lt;br /&gt;“El loro de Flaubert”, Julian Barnes.&lt;br /&gt;“¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?”, Raymond Carver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Doctor Faustus”, Johann W.Goethe.&lt;br /&gt;“La montaña mágica”, Thomas Mann.&lt;br /&gt;“La metamorfosis”, Franz Kafka.&lt;br /&gt;“Los cuadernos de Malte Laurids Brigge”, Rainer Maria Rilke.&lt;br /&gt;“La marcha de Radetzky”, Joseph Roth.&lt;br /&gt;“Sin novedad en el frente”, Erich Maria Remarque.&lt;br /&gt;“La muerte de Virgilio”, Hermann Broch.&lt;br /&gt;“El tambor de hojalata”, Günter Grass.&lt;br /&gt;“Opiniones de un payaso”, Heinrich Böll.&lt;br /&gt;“Auto de fe”, Elias Canetti.&lt;br /&gt;“La visita de la anciana señora”, Friedrich Dürrenmatt.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Solaris”, Stanislaw Lem.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Trenes rigurosamente vigilados”, Bohumil Hrabal.&lt;br /&gt;“Cuentos de Malá Strana”, Jan Neruda.&lt;br /&gt;“Las aventuras del buen soldado Svejk”, Jaroslav Hasek.&lt;br /&gt;“Libro de la risa y del olvido”, Milan Kundera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentos completos de Anton Chejov.&lt;br /&gt;“Relatos de un cazador”, Iván S. Turgueniev.&lt;br /&gt;“Crimen y castigo”, Fiodor Dostoievski.&lt;br /&gt;“Guerra y paz”, Leon Tolstoi.&lt;br /&gt;“El maestro y Margarita”, Mijail Bulgakov.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Trilogía de El Cairo”, Naguib Mahfuz.&lt;/b&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguno de ustedes se ha tomado la molestia de contar, habrá notado que el inventario se quedó en la centena, así que a todo el que lo desee le agradecería sinceramente que añadiera a la lista ese libro que considera también imprescindible, ese que echa en falta, el número ciento uno, o los que sean precisos, no importa. La intención es compartir aquello que nos une a los lectores, o señalar también aquello que nos distancia, para enriquecer el paisaje literario de todos, para no dejar nunca de aprender y conservar intacta la capacidad de emocionarse ante una nueva puerta que se abre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felices y feraces lecturas a todos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/34810116-115892918900674218?l=dervorleser.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dervorleser.blogspot.com/feeds/115892918900674218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=34810116&amp;postID=115892918900674218' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34810116/posts/default/115892918900674218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/34810116/posts/default/115892918900674218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dervorleser.blogspot.com/2006/09/leo.html' title=''/><author><name>Vorleser</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16200875385655537234</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='31' src='http://photos1.blogger.com/blogger/6528/3861/1600/vorleser.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry></feed>
